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Si a finales del siglo pasado nos hubiesen preguntado cuáles serían las tecnologías dominantes en el siglo XXI, seguro que todos habrían coincidido en señalar tres: la biotecnología, la nanotecnología y las tecnologías de la información y las comunicaciones. La sostenibilidad era, en aquellos momentos, un concepto poco desarrollado y poco entendido; el medioambiente se consideraba algo que hay que cuidar y la energía una utilidad de alcance y disponibilidad inmediata. Hoy en día, tras la crisis económica y financiera de 2008, empezamos a reconocer otros parámetros que, sin duda, serán de gran interés para los negocios.

En In green we trust: gaining consumer trust and competitive advantage through sustainability , Accenture nos proporciona algunas perspectivas clave muy interesantes.

En primer lugar, las cuestiones medioambientales no son una moda o una imposición gubernamental; mas bien se trata de una habilidad necesaria para competir: “la sostenibilidad ya no será nunca más una tarea residual. Las restricciones en los recursos naturales y la volatilidad incremental en los precios de elementos básicos requerirán una reconfiguración fundamental de la cadena de valor en muchas industrias de bienes de consumo”.

En segundo lugar, muchos productos verán drásticamente incrementada su demanda en las próximas dos décadas, especialmente en Asia, en tasas tales que no será posible suministrarlos bajo las condiciones actuales: “… la cadena de suministro en la agricultura que despliegan las compañías alimentarias depende fuertemente de uno de los recursos peor gestionados del mundo: el agua. Si las prácticas actuales continuasen, la escasez de agua podría reducir la cosecha mundial de cereales en las próximas dos décadas tanto como la producción entera de India y Estados Unidos juntos”

En el artículo Going Green: Why Germany Has the Inside Track to Lead a New Industrial Revolution , la prestigiosa escuela de negocios norteamericana de Wharton analiza las ventajas competitivas desarrolladas por las compañías alemanas desde hace varios años al considerar de manera distinta a la habitual las cuestiones medioambientales, llegando, incluso, a pronosticar una auténtica revolución: “tal y como la segunda generación de tecnologías de la información permite a las organizaciones conectar miles de ordenadores de escritorio, creando mucho más poder de computación distribuido que en el más poderoso sistema centralizado, millones de productores locales de energías renovables podrían producir mucha más energía que las viejas tecnologías de generación centralizadas (petróleo, vapor, gas natural y nuclear) de las que disponemos actualmente”.

Así que va a resultar que las “ viejas” tecnologías del agua y la energía serán claves en el siglo XXI. Desde luego, las posibilidades son enormes, aunque muchas tendrán que luchar contra los oligopolios que actualmente dominan los mercados de la energía. Ahí van algunas ideas ¿descabelladas?:

  • Vehículos eléctricos recargables con una placa solar plegable, formada por nanopartículas capturadoras de la energía solar.
  • Depuradoras de agua salada que obtienen agua de regadío y la transportan cientos de kilómetros ayudadas por energías de origen geotérmico.

  • Biomoléculas capaces de depurar localmente las aguas residuales.

¿Ciencia ficción?: puede ser, pero también lo era hace treinta años el desarrollo actual alcanzado por Internet. “Sólo” se necesita una visión clara del objetivo deseado y la creación de estructuras empresariales capaces de llevarlo a cabo.

Actualización: 14/04/2009; aunque ambos artículos llevan la misma fecha de publicación, aún no había consultado: Cómo aprovechar la energía solar directa para propulsar objetos, artículo del MIT, en el que se explica una experiencia de laboratorio sobre vehículos autopropulsados con capturadores de energía solar basados en nanopartículas.

Actualización: 21/04/2009. Una excelente descripción de la necesidad de uso de energías renovables; ejemplificado, en este artículo, con el caso de China: Renewable Energy in China: A Necessity, Not an Alternative

 

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

 

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