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Pocos negocios consiguen sobrevivir hoy en día sin el soporte de las tecnologías de la información y, a medida que van creciendo en tamaño y complejidad, resulta difícil separar sus transacciones comerciales de la tecnología que las soporta.

Esta situación introduce una importante variable en la competitividad de una empresa: conocer las tecnologías existentes y asimilarlas internamente para aplicarlas tanto a la detección como a la ejecución de nuevos negocios. Se trata, por tanto, de entender el binomio tecnología-negocio como un conjunto indivisible y una habilidad imprescindible en el mundo empresarial actual.

Alfóns Cornellá ha expresado este concepto en Reinventar las escuelas de negocios: tres razones : “ya no es posible hablar de negocios sin hablar de tecnología. ¿Es posible el marketing sin tecnología, cuando la clave consiste cada vez más en poderse avanzar a las necesidades del cliente, teniendo en cuenta su perfil de comportamiento, algo que sólo puede hacerse con herramientas tecnológicas avanzadas? ¿Es posible gestionar una empresa medianamente complicada sin un ERP? ¿Es posible innovar sin alguna especie de herramienta que ayude a ordenar y pesar las ideas, de acuerdo con sus opciones en el mercado (o sea, que sea capaz de generar un business case casi automáticamente?). Seguro que la respuesta es “no” en todos los casos.”

De forma parecida Forrester, una de las principales consultoras mundiales de tecnología, lleva varios años difundiendo el eslogan “ IT to BT ” (de tecnologías de la información a tecnología de negocios), para expresar la idea de que los ordenadores han dejado de utilizarse para el seguimiento de la actividad (registros contables y fiscales, registros de ventas, …) para pasar a ser parte integrante de cualquier operación empresarial, desde desarrollar un producto hasta contactar con el cliente.

Sin embargo, ocurre que aún siendo cierto y relevante todo lo anteriormente expuesto, la principal limitación en extensión y popularización de estas ideas no es física, ni tan siquiera financiera, sino mental, y radica en la capacidad de las personas para asimilar las tecnologías de forma tal que puedan imaginar continuamente nuevas y mejores maneras de realizar negocios, lo que se ha dado en denominar la “ segunda brecha digital ”, concepto que, además, presenta discontinuidades y particularidades muy interesantes en relación con el género de las personas, con su lugar de residencia, con su tipo de trabajo, …, y, en general, con cualquier variable de carácter social .

Probablemente se necesiten varios años y algunos relevos generacionales para que estas desigualdades se vayan corrigiendo, durante los cuales todos los esfuerzos formativos y divulgativos serán pocos.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

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