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El entorno socio-económico de una región, como el capital humano, o la existencia de ciertas instituciones, tiene un fuerte impacto en la capacidad de innovación de las empresas ubicadas en ese área.

Aunque se trata de una idea ya presente en los primeros trabajos de Porter sobre la estrategia competitiva y la importancia del entorno en el que opera la empresa, ha sido desarrollada con mayor amplitud y rigurosidad en: Innovation: Location Matters , artículo escrito por el propio Porter y Scott Stern.

En el citado artículo se identifican los componentes de un sistema regional de innovación y se proporcionan recomendaciones para las empresas en su relación con el entorno científico-tecnológico.

Componentes de un sistema regional de innovación:

  1. Infraestructuras comunes de investigación. Incluyen, por ejemplo, los recursos humanos y técnicos destinados al desarrollo tecnológico, las políticas públicas de soporte a la innovación y el nivel de sofisticación tecnológica de la economía.

  2. Intensidades competitivas de las distintas cadenas de valor (o “cluster” en la nomenclatura de Porter) que operan en una región específica: cuánta competencia ejercen los competidores, cómo de exigentes son los clientes, …, es decir, el desempeño concreto de las cinco fuerzas competitivas desarrolladas en el denominado diamante de Porter .

  3. La calidad de las relaciones entre los dos elementos anteriores; cómo se benefician unos de otros mediante contratos, intercambios y flujos, tanto monetarios como de personas.

Recomendaciones para las empresas en su relación con el entorno científico-tecnológico:

  1. Desarrollar y comercializar las innovaciones en los lugares más atractivos.

  2. Tomar medidas activas para aprovechar las fortalezas de las regiones elegidas para la localización.

  3. Colaborar de forma proactiva en la mejora del entorno para la innovación y la comercialización en los lugares donde operan.

El estudio sobre competitividad nacional del World Economic Forum : The Global Competitiveness Report , proporciona información comparativa entre diferentes países sobre su competitividad, incluyendo evaluaciones numéricas de los diferentes factores en los que se descompone el índice global de competitividad. El factor innovación se evalúa a través de los siguientes indicadores:

  • Capacidad de innovación

  • Calidad de las instituciones de investigación científica

  • Gasto de la empresa en I + D

  • Colaboración universidad-industria en I+D

  • Contratación pública de productos de tecnología avanzada.

  • Disponibilidad de científicos e ingenieros

  • Patentes y modelos de utilidad

  • Protección de la propiedad intelectual

La posición de España en el ranking general es preocupante, puesto que no sólo ocupa un lugar inferior (posición número 33) al que le correspondería por su capacidad económica (octava economía mundial en términos de PIB), sino que evoluciona con tendencias claramente descendentes en los últimos años.

Por tanto y desde la perspectiva de la toma de decisiones políticas no es suficiente con reforzar el sistema de ciencia y tecnología del país. Deben, también, mejorarse las condiciones en las que operan las cadenas de valor y la calidad de las interacciones entre el sistema productivo y el sistema nacional de innovación.

Ánimo; hay mucho trabajo por hacer.

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