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Podemos denominarla como queramos, pero el hecho cierto es que la función de innovación, es decir colocar con éxito en el mercado productos o servicios novedosos, es intrínseca a la actividad empresarial; todas las empresas han tenido que introducir una novedad en el mercado en algún momento.

Sin embargo, esta definición tan sencilla se enreda y complica cuando al término innovación se le aplica el apellido “tecnológica” o se la asocia con el término I+D; originando, así, el denominado I+D+i.

En la Unión Europea lo tienen claro y no confunden, en absoluto, los términos. Así, en el documento Reviewing Community innovation policy in a changing World , en el cual se propone una revisión de la Agencia de Lisboa a la vista de los nuevos acontecimientos económicos, se afirma:

La innovación es la condición previa para la creación de una economía baja en carbono y basada en el conocimiento. El dominio de esta transformación es fundamental para seguir siendo competitivos en un mundo globalizado y lograr de una manera sostenible objetivos sociales más ambiciosos, bajo la presión de los cambios demográficos, el desafío climático, la escasez de recursos y nuevas amenazas de seguridad.

La innovación permite a las industrias europeas situarse en el extremo superior de la cadena de valor global, convertir a Europa en líder mundial de los mercados de la energía, de los productos eficientes en la utilización de los recursos y de las tecnologías que nos equipan con los medios necesarios para la acción global. Además, sólo en un entorno que favorezca la innovación puede la I+D traduzca en ganancias reales.”

“… no necesariamente es la cantidad absoluta de gasto en I+D lo que importa, es el clima innovador dentro de una empresa lo que marca la diferencia en términos de competitividad.”

En una línea parecida se ha expresado Michael Brown, científico responsable de la exclusión de Plutón del sistema solar como planeta, quién enuncia en sus conferencias que lo que le interesa es explicar la innovación, ese concepto escurridizo que no se deja domar por muchas subvenciones que se le presenten como cebo. Las tecnologías evolucionan sobre la recombinación caótica y constante de otras tecnologías anteriores, y no por las mejoras paso a paso de las tecnologías predominantes, y el progreso, incluido el científico, está impulsado por aquellos que buscan soluciones para objetivos ya definidos. Según Michael Brown, fue la gran demanda de cámaras digitales en el mercado la que hizo abaratar en muy pocos años los detectores de imágenes, permitió utilizarlos en los telescopios, analizar detalladamente el tamaño de Plutón y proporcionar evidencias científicas suficientes para desmontar la teoría de su consideración como un planeta del sistema solar.

Ánimo; hay mucho trabajo por hacer.

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