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Objetos interconectados y dispositivos inteligentes.

Interner de las cosas
Imagen original de Erik Wilde, bajo licencia Creative Commons.

 

¿Una impresora de comida?

¿Un marcapasos que registra valores de tensión y flujos de sangre en el corazón?

¿Un stent que monitoriza el flujo de sangre que circula por su sección?

¿Un coche que autolimita la velocidad a la máxima permitida en cada momento en la vía por la que circula?

¿Un tren que informa de las paradas que va cubriendo?

¿Una planta que pide ser regada cuando lo necesita?

¿Un expediente que indica su localización en el archivo?

¿Ciencia ficción?

Es posible, pero seguro que no faltan muchos años para que sean situaciones fáctibles. De hecho, según el informe The Internet of things:Networked objects and smart devices de The Hammersmith Group, una consultora especializada en el sector inmobiliario, “la cuestión ya no es si resulta posible, más bien hay que preguntarse si la utilidad en cuestión tendrá suficientes clientes para compensar el pequeño y marginal coste del hardware”.

No se trata de una tarea sencilla, de hecho, según el profesor Michael Nelson, director de tecnología Internet en IBM y asesor de Al Gore, citado en el informe anteriormente mencionado: “intentar determinar el tamaño del mercado de la internet de las cosas es cómo tratar de determinar el mercado de los plásticos desde la perspectiva de 1940. En ese momento, era difícil imaginar que los plásticos podrían estar en cualquier lugar. Si se mira a la capacidad de procesamiento de esta misma manera, se podrá comenzar a ver el amplio rango de objetos en los cuales se pueden embeber procesadores, actuadores y lógica de actuación”.

La limitación parece trasladarse de la tecnología hacia la capacidad de imaginar, implementar y comercializar aplicaciones de interés. Se precisa practicar de manera sistemática el pensamiento inductivo, que ya aparecía definido en el best-seller de 1994 Reingeniería de la empresa, de Hammer y Champy, como “la capacidad de reconocer primero una solución poderosa y en seguida buscar los problemas que podría resolver, problemas que ni siquiera sabemos que existen”. Por aquel entonces, Internet estaba empezando a proyectarse masivamente hacia la sociedad, pero ya empezaban a aparecer visionarios que se anticipaban a lo que luego vendría y es que, según Albert von Szcent-Györgyi, descubridor de la vitamina C y premio Nobel de medicina en 1937: “ descubrir consiste en ver lo que todo el mundo ha visto y pensar en lo que nadie más ha pensado”, claro que ya Hammer y Champy identificaron en 1994 el concepto “las cosas informan acerca de dónde se encuentran” como una tecnología disruptiva sobre la que plantear soluciones de negocio poderosas.

¿Lo veremos? Estoy convencido de que si.

¿Qué opinais vosotros?

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer. 

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