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Resulta que Toyota, una de las empresas sobre la que más se ha escrito en la literatura de negocios, ha cometido últimamente varios errores contrarios a su tradicional filosofía de actuar y pensar, llegando a permitir la salida al mercado de vehículos sobre los que no existía la certeza de que fuesen absolutamente seguros. (Fuentes: http://www.freep.com/article/20100209/BUSINESS01/100209050/1319/ y http://www.huffingtonpost.com/2010/02/01/toyota-recall-automaker-s_0_n_444141.html )

Parece ser que los objetivos tradicionales de los negocios de rentabilidad, crecimiento y posicionamiento han podido, incluso, con la aparentemente fuerte cultura empresarial de Toyota, basada en la confianza y el compromiso a largo plazo con clientes, empleados y proveedores, en la que había basado, al menos hasta el momento, su crecimiento y expansión internacional y que, además, utilizaban como fuerte argumento comercial .

A raíz de los fallos y errores detectados, varios de los autores que han basado sus escritos en el TPS ( Toyota Production System ) han tenido que reformular sus planteamientos y defender no a la empresa, que parece haber perdido gran parte de su credibilidad, sino a la filosofía subyacente que, por supuesto, sigue siendo válida, si se aplica correctamente. Es el caso, por ejemplo, de Jeffrey Liker, profesor de dirección de operaciones en la Universidad de Michigan y autor del best-seller The Toyota Way, quien en Can Toyota Hansei its Way out of the Crisis? de Harvard Business Publishing expone lo difícil que le resulta seguir defendiendo la aplicación de los principios generales del management que subyacen en el TPS, los cuales, según él, se pueden organizar en cuatro niveles:

  • Filosofía (pensar a largo plazo en beneficio de los clientes y la sociedad).
  • Procesos (eliminación de desperdicio).

  • Personas (desafío y desarrollo).

  • Resolución de problemas (encontrar la causa, reflexionar y aprender).

Yo, personalmente, no puedo estar más de acuerdo con Liker. Ya allá por el año 1986 estudiábamos guiados por el maestro Carlos Prado el TPS, basándonos en un libro, luego convertido en clásico: El sistema de producción de Toyota de Yasuhiro Monden, el cual, por aquellas fechas, ni siquiera estaba traducido al castellano (¡ojo!; es un libro de texto: no se lo recomiendo a nadie con fines divulgativos). La forma de pensar que adquirí por aquellas (flujos, tiempos, despilfarro, stock cero, etc.) me fue de gran utilidad durante toda mi carrera profesional y, aún hoy, sorprende cuando digo que ya hace más de 23 años que se estudiaban estas cosas ¡en Galicia!.

Han tenido que pasar tres crisis: la de 1993 (esta crisis rozó al sector inmobiliario, que sufrió 1-2 años de parón y de estancamiento en los precios), la de 2001 (ésta en España apenas se notó; fue muy corta y muy restringida a las inversiones tecnológicas) y la de 2008 para que se empiece a aceptar universalmente la máxima de “más por menos” y se vuelvan a poner de moda los programas empresariales de reducción de costes y eliminación del despilfarro.

Sin embargo, el sector más afectado por la crisis actual, la construcción, no parece que se haya dado por enterado. Probablemente sea uno de los sectores en donde más oportunidades existan hoy en día para reducción de costes, puesto que la cadena de valor completa está muy dividida y no existe un subsector que pueda ejercer un dominio claro sobre ella. Será que aún no ha aparecido el concepto de vivienda “ low-cost” (por favor, no confundir con rebajas, descuentos o ajustes al mercado), o que no existen referentes similares a los que imitar, por ejemplo, la construcción naval modular o la fabricación de puertas. ¿Lo veremos algún día?: yo personalmente lo dudo.

En todo esto, el caso de Toyota no es más que una decepción más; un ejemplo de cómo el poder, el dinero y la ambición corporativa puede corromper hasta a la más aparentemente sólida cultura. Seguiremos observándola; entretanto, mis ideas y conceptos fundamentales permanecen en mi software mental (adecuadamente adaptados y actualizados) y, hasta ahora, no me ha ido mal con ellos.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

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