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Cada vez más se están empezando a construir objetos con sensores embebidos, lo que les proporciona capacidad para comunicarse. Las cadenas de información resultantes prometen crear nuevos modelos de negocio, mejorar los procesos de negocio y reducir costes y riesgos.

En The Internet of Things (resumido en español en Internet de los objetos: modelos de negocio), la consultora Mckinsey ofrece seis tipos distintos de aplicaciones emergentes sobre las que los ejecutivos de todo tipo de industrias deberían estructurar sus pensamientos acerca de los posibles impactos y oportunidades de negocio. Las seis aplicaciones están clasificadas en dos grandes grupos de características: “información y análisis” y “automatismos y control”

La primera aplicación del grupo de información y análisis es la monitorización del comportamiento, por ejemplo, incorporando sensores a los vehículos podría obtenerse información acerca de cómo se conduce y a dónde va, lo que podría llevar a análisis para segmentar ofertas para su aseguramiento.

La siguiente aplicación de información y análisis es la percepción situacional mejorada. Esto es cuando se introducen grandes números de sensores en una infraestructura, como en carreteras y edificios, para poder informar a tiempo real sobre las condiciones ambientales tales como el tiempo o la temperatura que hace.

Las analíticas de decisión por sensores nos muestran lo revolucionarias que pueden ser las tecnologías de sensores, sin que la mayoría de los consumidores se den ni siquiera cuenta. El informe explica que algunos vendedores están estudiando actualmente modos de reunir y procesar datos de los compradores a medida que éstos pasan por las tiendas. Las lecturas de sensores y los vídeos podrán “examinar cuánto tiempo permanecen en mostradores individuales y grabar qué compran finalmente”, datos que, según McKinsey, “ayudarán a incrementar los ingresos optimizando la disposición de la mercancía”.

La primera clase de aplicaciones que aparecen bajo la categoría de “automatismos y control” es la de optimización de procesos, por ejemplo, en la industria química y en las líneas de montaje.

La siguiente es la optimización del consumo de recursos, por ejemplo, para las empresas energéticas que podrían ofrecen los llamados “contadores inteligentes”, de manera que los clientes puedan administrar mejor su gasto de energía.

El tercer y último uso práctico del automatismo y el control son los sistemas autónomos complejos, a los que McKinsey llama “el uso más exigente del Internet de los objetos”, porque requiere una detección rápida a tiempo real de condiciones imprevisibles. Por ejemplo, la industria automovilística está creando sistemas capaces de detectar colisiones inminentes y adoptar acciones para evitarlas.

Evidentemente, aparecerán muchos problemas derivados de la privacidad en el tratamiento de datos y de abusos por parte de empresas con posiciones ventajosas, pero, sin duda, las oportunidades son inmensas. El reto, como casi siempre, estará en disponer del conjunto de personas adecuadamente formadas que sea capaz de poner en el mercado productos técnica y económicamente viables.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

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