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Muchas empresas creen que pueden mejorar las posibilidades de éxito con respecto a la innovación sólo mediante el aumento de sus inversiones en I+D. Sin embargo, varias investigaciones muestran que la intensidad de I+D (inversiones en investigación y desarrollo como porcentaje de los ingresos) en la mayoría de los sectores es: (a) muy ineficaz y (b) sigue un patrón en zigzag; primero se incrementa durante un par de años, pero una vez que se ha conseguido un producto de éxito es, de nuevo, recortada. Fuente: Whether more R&D Investments brings more innovation output – part 1.

De forma similar, un estudio de Booz & Co.  recopilado en Which innovation efforts will pay  de la MIT Sloan Management Review  revela que, más allá de un nivel mínimo, no existe correlación entre el gasto en I+D y parámetros de rendimiento financiero, como el crecimiento de las ventas o del beneficio.

Similares conclusiones se establecen en el estudio de Booz Allen Hamilton: Global Innovation 1000—Money Isn’t Everything en el cual se afirma, literalmente, que el dinero no compra resultados (podríamos hablar de un símil futbolístico con las declaraciones de Arsene Wenger, entrenador del Arsenal, quien tras la eliminación del Real Madrid en octavos de final de la Champions League a manos del Olimpique de Lyon, ha declarado que El dinero no compra la Champions) y que no existe relación entre el gasto en I+D y las medidas principales de éxito económico y corporativo, como el crecimiento, la rentabilidad o el retorno para el accionista.

Una de las propuestas más originales para mejorar el rendimiento de los procesos de innovación es la creación de ecosistemas (métodos y procesos que se alimentan en si mismos de una manera sostenible) que ayuden a aumentar la variedad de ideas que, procedentes de distintas fuentes, alimentan las entradas del proceso (concepto que se denomina embudo de la innovación), y también a aumentar la cantidad de ideas con las que se nutre al sistema. Fuente: Whether more R&D Investments brings more innovation output – part 2.

En España y desde un punto de vista financiero, DaD, que se autodenomina incubadora de empresas en internet, ha apostado por la creación de un ecosistema inversor, en el cual la propia empresa actúa de filtro de ideas, tanto para sus inversiones como para las de sus socios y, además, se realimenta con las ideas y oportunidades que surgen en las empresas en las que participa. El sistema se explica en El ecosistema inversor de DaD y las ventajas que representa en relación con la selección de innovaciones en Las sinergias del ecosistema.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

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