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Los cinco principales errores que las empresas suelen cometer en su camino hacia estrategias y productos más sostenibles:

1.- Suponer que lo “verde” va a costar un “ojo de la cara”.

Muchas empresas dudan en considerar la adopción de políticas medioambientalmente correctas porque asumen que la opción “verde” siempre va a ser más cara que otras alternativas. En algunos casos esto es cierto (por ejemplo, en las energías renovables, si no se considera el efecto de las primas a la producción), pero existen muchos ejemplos en los que adoptar decisiones de negocio ambientalmente responsables en realidad puede ahorrar dinero. Ejemplos de esto incluyen reducción del uso de papel, encontrar formas de reutilización y reciclaje de materiales en las operaciones productivas, búsqueda de ventajas fiscales, facilitar opciones alternativas de transporte con menor consumo global para el conjunto de personas empleadas (uso compartido de vehículos, transporte público, teletrabajo), etc.. La sostenibilidad consiste, en última instancia, en hacer un uso más eficiente de los recursos, y reducir los consumos de explotación no sólo es bueno para la Tierra ; también es un buen negocio. Si se adopta una posición estratégica acerca de cómo hacerlo, los negocios pueden ahorrar dinero mediante prácticas sostenibles.

2.- Subestimar la capacidad de los clientes para distinguir la verdadera sostenibilidad.

La mayor queja sobre las empresas que intentan avanzar en la adopción de prácticas sostenibles es cuando se subestiman las habilidades de pensamiento crítico de los clientes y su capacidad para distinguir prácticas consistentes. El hecho de que un nuevo producto se presente en envases de color verde o use los términos “eco-” u “orgánico”, en si mismo no significa que sea ambientalmente responsable, y los clientes suelen saberlo. Seguramente leerán las etiquetas, harán preguntas acerca de los materiales y usarán Internet para comparar su producto con los competidores. Si no existe nada sustancial ambientalmente responsable que decir, no compensa molestarse en maquillarlo de verde.

3.- Suponer que un envase de color beige, el uso del término “ecológico” y/o un logotipo de hoja verde es todo lo que se necesita.

Como ya se ha tratado en el punto 2 los gestos “verde” simbólicos ya no son suficientes. Todas las empresas, desde las que están realmente comprometidas ambientalmente hasta aquellas que sólo pretender lavar su imagen, con algún objetivo ambiental, emplean logotipos de hoja verde y envases de color beige. Ahora hay como una avalancha de este simbolismo vacío que se está convirtiendo en banal y sin sentido. Una mejor decisión empresarial es diferenciar la empresa con una identidad de marca única, y tomarse el tiempo necesario para transmitir la misión y las credenciales ambientalmente responsables a los clientes con las etiquetas, envases y marketing estratégico que correspondan.

4.- Sobreestimar el tiempo de los clientes y su capacidad de atención.

El polo opuesto a los errores anteriores es sobreestimar cuánto tiempo y energía deben destinar los clientes a investigar y entender las ofertas verdes. Los clientes no son tontos, pero también tienen vida y no tienen el tiempo y energía necesarios para pasar horas analizando la huella de carbono y el ciclo de vida de los productos de una empresa. Si no se explican activamente al mercado las iniciativas legítimas de sostenibilidad adoptadas, nadie va a saber de ellas.  No hay que asumir que porque la empresa está haciendo lo correcto, las clientes vayan a saberlo de forma natural. Es necesario informar a los consumidores y comunicar al mercado las iniciativas emprendidas (por supuesto, de forma meditada y coherente).

5.- Pensar que a menos que se consiga un indiscutible 100% de sostenibilidad, no se debe llamar la atención sobre las iniciativas sostenibles de la empresa.

Se trata de un problema cada vez más frecuente en el mercado, a medida que las reacciones de los clientes a intentos de lavado de la imagen ecológica se vuelven más desenfrenadas. Muchas empresas que tienen productos legítimamente ecológicos y fabricación con prácticas responsables, tienen ahora miedo de llamar la atención sobre si mismos por miedo a ser acusados de estrategias de maquillaje sostenible (greenwasher). Lo que estas empresas tienen que entender es que los beneficios superan a los riesgos. Ahora que cualquiera puede publicar cualquier cosa en línea, siempre habrá personas críticas con demasiado tiempo libre, que podrían atacar a la empresa. Sin embargo, si las políticas de sostenibilidad son sólidas, y existe una auténtica transparencia informativa -detallando en la red objetivos de sostenibilidad, políticas y desafíos- los seguidores se unirán y permitirán neutralizar los ataques de los trolls de Internet con facilidad, consiguiendo que la compañía siga funcionando normalmente. Sólo ha de tenerse cuidado de ser totalmente transparente y no hacer afirmaciones falsas acerca del producto, ya que esto si que realmente podría poner en peligro la buena voluntad de los consumidores, y éstos podrían volver a una posición belicista acusadora.

Extraído de: 5 mistakes businesses make trying to go green.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

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