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La crisis financiera, que afecta a todas las empresas, lo hace, en mayor medida, si cabe, a las empresas nacientes; a los negocios y actividades económicas creados por las personas emprendedoras.

Según el informe GEM 2012, un 70% de los emprendedores necesita fondos ajenos para poner en marcha su iniciativa. Esta cifra ha crecido aproximadamente 20 puntos porcentuales desde el año 2008, el año de inicio de la recesión, y sigue poniendo de manifiesto la importancia de la existencia y accesibilidad de la financiación bancaria en la creación de empresas. Es cierto que existen otras alternativas, como los inversores informales y los “business angels”, o las inversiones en capital semilla de las entidades gestoras de fondos de capital riesgo, pero no es menos cierto que estas alternativas sólo suelen invertir en iniciativas con elevadas expectativas de rentabilidad, dejando de lado a los denominados emprendedores por necesidad, es decir, aquellas personas que se deciden a trabajar por cuenta propia sólo ante la ausencia de oportunidades por cuenta ajena.

Para estas personas emprendedoras, muchas de las cuales adoptan la figura jurídica de autónomo dependiente, resulta de vital importancia la existencia de lo que se denomina líneas de financiación preferente, es decir, convenios específicos entre entidades públicas y entidades bancarias, para extender el ámbito de actuación de determinados productos financieros.  Para el caso que nos ocupa resulta aplicable, por ejemplo, la Línea Ico Empresas y Emprendedores 2013, que financia inversiones en activos fijos productivos dentro del territorio nacional y gastos de circulante, éstos últimos hasta un 50% de la financiación total, y a la que pueden concurrir tanto autónomos como empresas. No obstante, pese a estos esfuerzos, el citado informe GEM 2012, identifica la falta de acceso a la financiación como la principal barrera al emprendimiento en España.

Imagen obtenida de Wikipedia, bajo licencia Creative Commons.

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