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ArzobispoFonseca

Parece un contrasentido que, al mismo tiempo, que numerosos estudios y opiniones constatan el argumento de que la educación es una de las principales acciones de refuerzo de la empleabilidad y de que, sin duda, estudiar compensa, estemos viviendo momentos en los que las instituciones de enseñanza superior atraviesan momentos delicados.

No es un problema nuevo, ni siquiera el caso español es único; en EE.UU. se lleva varios años hablando de la “burbuja universitaria”, un término acuñado a semejanza de la burbuja inmobiliaria, y que viene a significar que los precios de las matrículas alcanzaron cifras que no se correspondían con su valor real y que ha llevado a los estudiantes a no poder pagar sus créditos para estudios, puesto que los ingresos obtenidos en sus carreras profesionales no se correspondían con las expectativas depositadas en sus estudios al inicio de éstos.

Sin embargo, la realidad no es tan sencilla como en ocasiones la queremos simplificar. Y es que la cuestión relevante para la empleabilidad (y, consecuentemente, para las retribuciones que se pueden obtener) no es solamente estudiar y obtener un título, sino aplicar las enseñanzas recibidas en el mismo a las situaciones reales que se producen en el trabajo. Interesa, por tanto, realizar aquellos estudios que mayores y mejores posibilidades de prácticas y experimentación puedan ofrecer.

No es una decisión fácil para los jóvenes estudiantes de bachillerato o secundaria, puesto que no siempre cuentan con la información precisa (ni, probablemente, con la experiencia necesaria) para evaluar sus mejores opciones. En el siguiente artículo de FastCompany:  5 Bold Predictions For The Future Of Higher Education, se enumeran varias tendencias relevantes que, si bien están inspiradas en el sistema universitario norteamericano, conviene analizar cuidadosamente, puesto que en un futuro no demasiado lejano se convertirán en requisitos obligados para las instituciones universitarias que, sosteniblemente, puedan sobrevivir:

  1. Los curriculums académicos serán cada vez más multidisciplinares.
  2. Las universidades deberán ofertar un mix entre enseñanza tradicional y online.
  3. La captación y retención de estudiantes será más importante que nunca.
  4. Las universidades deberán invertir en tecnología.
  5. Las universidades deberán estudiar nuevos modelos de financiación basados en el rendimiento de sus alumnos.

Ánimo, hay mucho trabajo por hacer.

La imagen compartida bajo licencia Creative Commons en Flickr por Contando Estrelas, es la estatua del Arzobispo Alfonso de Fonseca y Acebedo, fundador de la Universidad de Santiago, que figura en el Colegio Mayor de Fonseca, edificio que fue la primera sede de la Universidad.

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