Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

hipotesis

Una de las experiencias más gratificantes que he podido disfrutar en mi vida ha sido los dos cursos en los que ejercí como profesor asociado en la Universidad de Vigo. Aún recuerdo con emoción el murmullo de desaprobación que surgió de entre los alumnos cuando les enuncié que mi opinión es que “nada hay más práctico que una buena teoría”, similar a la que se oyó cuando les anuncié que tenía que dejar la docencia; habían comprendido la importancia de tener una buena teoría para resolver los problemas prácticos que se presentan en la disciplina de organización de empresas, en la que impartía mis clases.

Ya antes de eso había experimentado, de la mano del maestro Roberto Carballo, sobre la fuerza de las personas, cuando se las libera de los corsés que imponen organizaciones y jerarquías y se las permite ensayar y experimentar guiadas por su sentido común y su capacidad de raciocinio. Cuando a una persona, o mejor aún a una grupo de personas socialmente cohesionado, se la estimula a experimentar y a formular conclusiones sobre dicha experimentación, suele ser capaz de formular con ello una “teoría” sobre el fenómeno que está estudiando y resolver, o cuando menos enunciar una hipótesis sobre dicha resolución, los problemas o ineficiencias que ha detectado en su práctica. Los expertos denominan a esta forma de trabajar “aprender de la experiencia” y, cuando viene acompañada de un trabajo en grupo consciente, respetuoso y compartido, Roberto la denomina “innovación social“.

Por desgracia, no se trata de una forma de trabajar habitual y, desde luego, choca frontalmente con los planteamientos de la educación industrializada del siglo XX, en la cual la “teoría” es única, incuestionable y, a menudo, impuesta desde la jerarquía. Por contra, en el lado positivo, podemos apuntar que Internet ha reforzado esta metodología de aprendizaje ya que, por una parte, permite acceder fácilmente al cuerpo de conocimiento disponible y, por otra, proporciona facilidades para la creación de grupos cohesionados que permitan contrastar las hipótesis y resultados que surgen de la aplicación del sentido crítico a nuestro trabajo diario.

John Hagel III, uno de los autores con los que más sintonía suelo tener opina al respecto: “En lugar de sentarse a debatir durante períodos prolongados, es mucho mejor movilizarse tan rápido como sea posible y pasar a la acción para tratar varias posibilidades y determinar cuales prácticas pueden llevar a conseguir el mayor impacto, partiendo, eso si, de una base uniforme y consistente. A medida que acumulamos práctica en nuevos entornos, podemos empezar a buscar patrones que generen teorías que puedan explicar los motivos por los cuales esas prácticas producen resultados de alto impacto. Teniendo en cuenta la rapidez con la que cambian los entornos en los cuales nos movemos, es probable que nuestras teorías se retrasen con relación a la prácticas dominantes. Necesitamos evolucionar continuamente nuestras prácticas para refinar nuestras teorías”. Fuente: Scaling Learning in an Exponential World.

No en vano, el “aprendizaje de la experiencia” se considera una habilidad muy relevante en los entornos masivamente digitales hacia los que, inevitablemente, nos encaminamos. Además, no se trata de una habilidad especialmente difícil de aprender, tan “sólo” requiere de un maestro experimentado que ejerza de tutor y refuerce la autoestima de sus alumnos. Casi nada.

Aunque no se menciona explícitamente, el “aprendizaje de la experiencia” forma parte de las capacidades de experimentación que se requieren para desarrollar organizaciones adaptables, a las que se dedican las páginas 37-41 del capítulo 1: Adaptabilidad: una nueva ventaja competitiva de “La innovación comienza aquí”.

Imagen compartida en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_molecular_theory

Anuncios