Etiquetas

, , , , , , , , , , , , ,

conferenciacolegioingenieros20102016

Coloquio “El futuro laboral de nuestros hijos” en Colegio de Ingenieros Industriales – Santiago de Compostela – 20/Octubre/2016

Se conoce como “el gran desacoplamiento” – “The Great Decoupling” al fenómeno económico que empieza a manifestarse en el año 2000, en el cual el crecimiento de la riqueza se “desacopla” del aumento de la productividad y empieza, también, a distanciarse del crecimiento del empleo y éste, a su vez, del de la renta familiar disponible. Este fenómeno puede, por ejemplo, ser la causa de hechos como que, según Funcas en 2016 se pueda recuperar todo el PIB perdido durante la crisis, pero ¡sólo un tercio! del empleo perdido. (http://www.expansion.com/economia/2015/07/15/55a63d1c22601db1058b457f.html)

elgrandesacoplamiento

El gran desacoplamiento
Fuente: The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies. Erik Brynjolfsson, Andrew McAfee

La definición anterior es intrínsicamente complicada, debido a la dificultad de entender los términos que en ella figuran. Sin embargo, no hace más que reconocer y justificar científicamente una realidad que la sabiduría popular ya ha reconocido y asumido. Por ejemplo, el genial Forges, en una viñeta publicada en El País el 16 de Junio de 2016, dice que “los puestos de trabajo que se crean ahora son migajas de curre”: (http://elpais.com/elpais/2016/06/15/opinion/1466004673_432041.html). Puede que en España se esté creando empleo, pero la calidad de este empleo deja mucho que desear; en general, la sociedad contemporánea asiste a una preocupante desaparición de lo que un día se entendió por empleo.

Las tecnologías digitales, impulsadas por las leyes de Moore (“la capacidad de procesamiento informático se duplica cada año y medio”) y Metcalfe (“la utilidad de una red crece de forma proporcional al cuadrado del número de integrantes”), han ampliado en gran medida la brecha entre ganadores y perdedores económicos y tienden a favorecer a las “superestrellas” vencedoras. Por ejemplo, alguien que crea un programa informático para automatizar la liquidación de impuestos podría ganar millones o miles de millones de dólares, pero al mismo tiempo se elimina la necesidad de un gran número de contables.  (https://www.technologyreview.com/s/515926/how-technology-is-destroying-jobs/).

Es evidente que, en el ejemplo anterior, existe un gran aumento de productividad, puesto que se consigue hacer las mismas liquidaciones con muchos menos recursos, pero la riqueza total es menor, al ya no ser necesario pagar al gran número de contables antes imprescindibles. Al mismo tiempo, se destruye un importante número de empleos y aunque se puedan crear algunos para alimentar y mantener al nuevo sistema automatizado, éstos serán muy pocos en relación a los destruidos y, probablemente, mucho mejor pagados. El empleo global disminuye y la media de las retribuciones totales también: menos trabajos totales aunque con retribuciones más elevadas. En resumen: más productividad, menor riqueza, menor empleo, aunque con mayor retribución a la inversión necesaria y al empleo cualificado emergente y menor renta media disponible. Todo un círculo vicioso, sobre el cual muchos economistas empiezan a pensar que ha sido la causa última de la gran crisis que comienza en 2007-2008, cuando ya han transcurrido varios años desde el inicio de los síntomas y un número importante de personas empiezan a perder sus trabajos a consecuencia de las mejoras de productividad alcanzadas gracias a las tecnologías digitales; cuando estas personas son incapaces de pagar las hipotecas que el sistema bancario tan alegremente les había concedido, pincha la burbuja y se desencadena una espiral de impagados, con las consecuencias por todos conocidas. En España, la situación se vuelve virulenta, puesto que la banca se resiste, en primera instancia, a aplicar a sus balances las correcciones provocadas por la pérdida de valor de sus activos inmobiliarios o hipotecarios, dando lugar a nuestra particular crisis bancaria y, luego, un poco más tarde, con la crisis de deuda soberana en la cual la multitud de activos financieros especulativos que habían huido del sector financiero, encuentran un filón en atacar a las economías más débiles del aún no consolidado sistema financiero europeo (España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda) que no disponen de la liquidez suficiente, puesto que la habían destinado al saneamiento bancario, y no pueden recurrir al fácil recurso de la devaluación monetaria, debido a los compromisos políticos con sus socios más fuertes en el área euro (Francia y Alemania, fundamentalmente).

Socialmente, el problema adquiere una gran dimensión: la capacidad de una economía para generar empleos de calidad bien retribuidos y con la estabilidad necesaria para que compense adquirir las habilidades necesarias para desempeñarlos es crítica para su estabilidad y cualquier desviación sobre esta base, como ha ocurrido en la crisis 2008-2014, no hace más que socavar los cimientos en los que se basa el conjunto de la economía y aumentar las probabilidades de que persista el “gran desacoplamiento”.

En relación al “gran desacoplamiento”, la mala noticia es que, si resulta ser un fenómeno estable, no ha hecho más que empezar, puesto que la revolución digital está aún en sus inicios. Las buenas noticias son que, según el cuerpo de pensamiento dominante entre los académicos del mundo económico, por una parte, la medida de la productividad sobre la cual se construye el razonamiento básico del “gran desacoplamiento” está lejos de ser unánimemente aceptada, puesto que existe mucha controversia acerca de cómo se deben computar los resultados y los consumos de un sistema económico y, por otra parte, resulta arriesgado atribuir a las tecnologías digitales las caídas registradas en el empleo y en la renta disponible, ya que los sistemas económicos son complejos y las relaciones entre las variables que los componen pueden ser múltiples, cruzadas y poco claras.

Las leyes de Moore y Metcalfe y su influencia en la digitalización de la vida cotidiana se analiza en las páginas 69-70 del capítulo 3: La digitalización imparable de La innovación comienza aquí.

 

Anuncios