La función de compras en la innovación

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En las empresas tradicionales, en las cuales el valor añadido aportado por la propia empresa era del 60-80% del total, el papel de la función de compras se limitaba a la gestión del restante 20-40%. Pero, en los entornos actuales, en los cuales el porcentaje de valor añadido interno es del 10% o menos, cambia ya no sólo la importancia económica de compras, sino también su relevancia y papel estratégico.

El modelo general de adaptabilidad de Boston Consulting Group adoptado como nexo conductor del libro La innovación comienza aquí denomina a este tipo de funciones avanzadas de compras capacidad de gestión de sistemas complejos multicompañíadentro de los cuales la confianza juega un papel importante y las relaciones entre las partes deben instrumentarse a nivel de los diferentes equipos de trabajo, dejando en un segundo plano el papel de los contratos mercantiles y de las jerarquías burocráticas.

Un número cada vez más importante de empresas está ampliando su propia capacidad innovadora mediante la integración sistemática de conocimientos y competencias procedentes de su red de proveedores clave, de empresas de nueva creación y de aportaciones externas tipo “crowd”. En estos entornos, la función de compras debe desempeñar un rol crucial como gestor de relaciones y catalizador entre los socios externos y funciones internas, tales como I+D, desarrollo de productos y producción. Todo esto requiere dotar a la función de capacidades no habituales hasta el momento actual, tales como: (Fuente: Arthur D. Little. Procurement 4.0 in the digital world):

  • Vincular la estrategia de I+D con la estrategia de compras y la cartera de productos, con el apoyo de soportes telemáticos para gestión de factores críticos de éxito, pliegos de prescripciones, contratos, etc.
  • Explorar mercados de proveedores de innovación, empleando análisis avanzados basados en grandes volúmenes de datos para detectar nuevas tecnologías, productos sustitutos, nuevos proveedores y nuevas empresas. Por ejemplo, una de las herramientas más renombradas para el scouting tecnológico, Linknovate, se está desarrollando en Galicia.
  • Vincular los departamentos internos con proveedores, empresas de nueva creación y otros colectivos a través de herramientas de innovación abierta: concursos, laboratorios de ideas, especificación de prototipos con proveedores, etc.
  • Establecer laboratorios de creación compartida con proveedores clave, con la intención de impulsar la innovación a través del pensamiento de diseño, la creación rápida de prototipos y la creación de productos mínimos viables.

La capacidad de gestión de sistemas complejos multicompañía se trata en las páginas 41-43 del capítulo 1: Adaptabilidad: una nueva ventaja competitiva de La innovación comienza aquí.

Imagen compartida en Flickr por Nick Saltmarsh, bajo licencia Creative Commons.

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El gran desacoplamiento

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Coloquio “El futuro laboral de nuestros hijos” en Colegio de Ingenieros Industriales – Santiago de Compostela – 20/Octubre/2016

Se conoce como “el gran desacoplamiento” – “The Great Decoupling” al fenómeno económico que empieza a manifestarse en el año 2000, en el cual el crecimiento de la riqueza se “desacopla” del aumento de la productividad y empieza, también, a distanciarse del crecimiento del empleo y éste, a su vez, del de la renta familiar disponible. Este fenómeno puede, por ejemplo, ser la causa de hechos como que, según Funcas en 2016 se pueda recuperar todo el PIB perdido durante la crisis, pero ¡sólo un tercio! del empleo perdido. (http://www.expansion.com/economia/2015/07/15/55a63d1c22601db1058b457f.html)

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El gran desacoplamiento
Fuente: The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies. Erik Brynjolfsson, Andrew McAfee

La definición anterior es intrínsicamente complicada, debido a la dificultad de entender los términos que en ella figuran. Sin embargo, no hace más que reconocer y justificar científicamente una realidad que la sabiduría popular ya ha reconocido y asumido. Por ejemplo, el genial Forges, en una viñeta publicada en El País el 16 de Junio de 2016, dice que “los puestos de trabajo que se crean ahora son migajas de curre”: (http://elpais.com/elpais/2016/06/15/opinion/1466004673_432041.html). Puede que en España se esté creando empleo, pero la calidad de este empleo deja mucho que desear; en general, la sociedad contemporánea asiste a una preocupante desaparición de lo que un día se entendió por empleo.

Las tecnologías digitales, impulsadas por las leyes de Moore (“la capacidad de procesamiento informático se duplica cada año y medio”) y Metcalfe (“la utilidad de una red crece de forma proporcional al cuadrado del número de integrantes”), han ampliado en gran medida la brecha entre ganadores y perdedores económicos y tienden a favorecer a las “superestrellas” vencedoras. Por ejemplo, alguien que crea un programa informático para automatizar la liquidación de impuestos podría ganar millones o miles de millones de dólares, pero al mismo tiempo se elimina la necesidad de un gran número de contables.  (https://www.technologyreview.com/s/515926/how-technology-is-destroying-jobs/).

Es evidente que, en el ejemplo anterior, existe un gran aumento de productividad, puesto que se consigue hacer las mismas liquidaciones con muchos menos recursos, pero la riqueza total es menor, al ya no ser necesario pagar al gran número de contables antes imprescindibles. Al mismo tiempo, se destruye un importante número de empleos y aunque se puedan crear algunos para alimentar y mantener al nuevo sistema automatizado, éstos serán muy pocos en relación a los destruidos y, probablemente, mucho mejor pagados. El empleo global disminuye y la media de las retribuciones totales también: menos trabajos totales aunque con retribuciones más elevadas. En resumen: más productividad, menor riqueza, menor empleo, aunque con mayor retribución a la inversión necesaria y al empleo cualificado emergente y menor renta media disponible. Todo un círculo vicioso, sobre el cual muchos economistas empiezan a pensar que ha sido la causa última de la gran crisis que comienza en 2007-2008, cuando ya han transcurrido varios años desde el inicio de los síntomas y un número importante de personas empiezan a perder sus trabajos a consecuencia de las mejoras de productividad alcanzadas gracias a las tecnologías digitales; cuando estas personas son incapaces de pagar las hipotecas que el sistema bancario tan alegremente les había concedido, pincha la burbuja y se desencadena una espiral de impagados, con las consecuencias por todos conocidas. En España, la situación se vuelve virulenta, puesto que la banca se resiste, en primera instancia, a aplicar a sus balances las correcciones provocadas por la pérdida de valor de sus activos inmobiliarios o hipotecarios, dando lugar a nuestra particular crisis bancaria y, luego, un poco más tarde, con la crisis de deuda soberana en la cual la multitud de activos financieros especulativos que habían huido del sector financiero, encuentran un filón en atacar a las economías más débiles del aún no consolidado sistema financiero europeo (España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda) que no disponen de la liquidez suficiente, puesto que la habían destinado al saneamiento bancario, y no pueden recurrir al fácil recurso de la devaluación monetaria, debido a los compromisos políticos con sus socios más fuertes en el área euro (Francia y Alemania, fundamentalmente).

Socialmente, el problema adquiere una gran dimensión: la capacidad de una economía para generar empleos de calidad bien retribuidos y con la estabilidad necesaria para que compense adquirir las habilidades necesarias para desempeñarlos es crítica para su estabilidad y cualquier desviación sobre esta base, como ha ocurrido en la crisis 2008-2014, no hace más que socavar los cimientos en los que se basa el conjunto de la economía y aumentar las probabilidades de que persista el “gran desacoplamiento”.

En relación al “gran desacoplamiento”, la mala noticia es que, si resulta ser un fenómeno estable, no ha hecho más que empezar, puesto que la revolución digital está aún en sus inicios. Las buenas noticias son que, según el cuerpo de pensamiento dominante entre los académicos del mundo económico, por una parte, la medida de la productividad sobre la cual se construye el razonamiento básico del “gran desacoplamiento” está lejos de ser unánimemente aceptada, puesto que existe mucha controversia acerca de cómo se deben computar los resultados y los consumos de un sistema económico y, por otra parte, resulta arriesgado atribuir a las tecnologías digitales las caídas registradas en el empleo y en la renta disponible, ya que los sistemas económicos son complejos y las relaciones entre las variables que los componen pueden ser múltiples, cruzadas y poco claras.

Las leyes de Moore y Metcalfe y su influencia en la digitalización de la vida cotidiana se analiza en las páginas 69-70 del capítulo 3: La digitalización imparable de La innovación comienza aquí.

 

Vigilancia colaborativa

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A Canarias me voy!!!!

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Por invitación del Instituto Tecnológico de Canarias, el próximo día 26 de Octubre participaré en una jornada Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva Colaborativa aplicada a los sectores del agua y la biotecnología, para explicar los avances y desarrollos en vigilancia colaborativa llevados a cabo en el marco del proyecto Alerta.

El proyecto Alerta, subvencionado al amparo del Fondo Social Europeo en el marco del Eje 4, enmarcado en la prioridad Cooperación transnacional e interregional, se desarrolló entre 2012 y 2015 con objetivos principales: a) crear una red de intercambio de información, experiencias, resultados y buenas prácticas en materia de promoción económica desde el ámbito de actuación de las agencias de desarrollo regional y
b) crear plataformas de experimentación para el desarrollo conjunto de servicios, metodologías, herramientas y productos que fomenten el aprendizaje mutuo de nuevos enfoques y nuevos modelos de gestión. Sus resultados son gratuitos y de dominio público y se pueden obtener en: http://alerta.igape.es/es/resultados.

El principal resultado es la creación de la Red Alerta, una estructura virtual compuesta por servidores conectados mediante un protocolo común de actuación, en la cual diferentes personas y organizaciones colaboran para organizar y compartir sus procesos de vigilancia, siempre dentro del máximo respeto a la confidencialidad definida por cada organización.

La vigilancia colaborativa es un excelente medio para mejorar la eficacia de los procesos de vigilancia del entorno llevados a cabo por una organización. Requiere, sin embargo, como requisito previo, que estos procesos tengan una cierta formalización, puesto que, de lo contrario, puede resultar difícil discriminar el más elevado volumen de información que, a priori, debería llegar de una red formada por varios nodos.

El término vigilancia, que desarrolla la norma UNE 166006:2011 y el equivalente de inteligencia estratégica, a su vez desarrollado en la norma UNE-CEN/TS 16555-2 EX, sobre las que se basan los procesos y las herramientas informáticas construidos al amparo del proyecto Alerta, son equivalentes a la “capacidad para leer señales del entorno”; la primera de las cuatro identificadas en el modelo de adaptabilidad del Boston Consulting Group, que se describe en el capítulo I: Adaptabilidad: una nueva ventaja competitiva de La innovación comienza aquí.

En mi presentación utilizaré las siguientes transparencias: Desarrollo de un servicio de vigilancia. La experiencia del proyecto Alerta.

Imagen compartida en Flickr por El Coleccionista de Instantes bajo licencia Creative Commons.

Aprender de la experiencia

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Una de las experiencias más gratificantes que he podido disfrutar en mi vida ha sido los dos cursos en los que ejercí como profesor asociado en la Universidad de Vigo. Aún recuerdo con emoción el murmullo de desaprobación que surgió de entre los alumnos cuando les enuncié que mi opinión es que “nada hay más práctico que una buena teoría”, similar a la que se oyó cuando les anuncié que tenía que dejar la docencia; habían comprendido la importancia de tener una buena teoría para resolver los problemas prácticos que se presentan en la disciplina de organización de empresas, en la que impartía mis clases.

Ya antes de eso había experimentado, de la mano del maestro Roberto Carballo, sobre la fuerza de las personas, cuando se las libera de los corsés que imponen organizaciones y jerarquías y se las permite ensayar y experimentar guiadas por su sentido común y su capacidad de raciocinio. Cuando a una persona, o mejor aún a una grupo de personas socialmente cohesionado, se la estimula a experimentar y a formular conclusiones sobre dicha experimentación, suele ser capaz de formular con ello una “teoría” sobre el fenómeno que está estudiando y resolver, o cuando menos enunciar una hipótesis sobre dicha resolución, los problemas o ineficiencias que ha detectado en su práctica. Los expertos denominan a esta forma de trabajar “aprender de la experiencia” y, cuando viene acompañada de un trabajo en grupo consciente, respetuoso y compartido, Roberto la denomina “innovación social“.

Por desgracia, no se trata de una forma de trabajar habitual y, desde luego, choca frontalmente con los planteamientos de la educación industrializada del siglo XX, en la cual la “teoría” es única, incuestionable y, a menudo, impuesta desde la jerarquía. Por contra, en el lado positivo, podemos apuntar que Internet ha reforzado esta metodología de aprendizaje ya que, por una parte, permite acceder fácilmente al cuerpo de conocimiento disponible y, por otra, proporciona facilidades para la creación de grupos cohesionados que permitan contrastar las hipótesis y resultados que surgen de la aplicación del sentido crítico a nuestro trabajo diario.

John Hagel III, uno de los autores con los que más sintonía suelo tener opina al respecto: “En lugar de sentarse a debatir durante períodos prolongados, es mucho mejor movilizarse tan rápido como sea posible y pasar a la acción para tratar varias posibilidades y determinar cuales prácticas pueden llevar a conseguir el mayor impacto, partiendo, eso si, de una base uniforme y consistente. A medida que acumulamos práctica en nuevos entornos, podemos empezar a buscar patrones que generen teorías que puedan explicar los motivos por los cuales esas prácticas producen resultados de alto impacto. Teniendo en cuenta la rapidez con la que cambian los entornos en los cuales nos movemos, es probable que nuestras teorías se retrasen con relación a la prácticas dominantes. Necesitamos evolucionar continuamente nuestras prácticas para refinar nuestras teorías”. Fuente: Scaling Learning in an Exponential World.

No en vano, el “aprendizaje de la experiencia” se considera una habilidad muy relevante en los entornos masivamente digitales hacia los que, inevitablemente, nos encaminamos. Además, no se trata de una habilidad especialmente difícil de aprender, tan “sólo” requiere de un maestro experimentado que ejerza de tutor y refuerce la autoestima de sus alumnos. Casi nada.

Aunque no se menciona explícitamente, el “aprendizaje de la experiencia” forma parte de las capacidades de experimentación que se requieren para desarrollar organizaciones adaptables, a las que se dedican las páginas 37-41 del capítulo 1: Adaptabilidad: una nueva ventaja competitiva de “La innovación comienza aquí”.

Imagen compartida en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_molecular_theory

Coloquio sobre el futuro del empleo

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Aún hace sol, pero ya ha llovido y el césped del parque vuelve a estar verde. El otoño está aquí y es hora de comenzar de nuevo con las, para mi muy gratificantes, actividades divulgativas.

Para este inicio de curso he elegido el tema que más me preocupa en la actualidad y sobre el cual estoy intentado escribir mi próximo libro: el futuro del empleo. Con la inestimable colaboración de los siempre dispuestos compañeros del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Galicia, el próximo día 20 de Octubre de 2016, a las 20:00 horas y en la Delegación del Colegio en Santiago de Compostela, sita en la calle Ramón Piñeiro nº 23, organizamos una charla-coloquio titulada “El futuro laboral de nuestros hijos“. La asistencia es libre y gratuita y sólo requiere que cubras este breve formulario; no es necesario ser ingeniero ni pertenecer al Colegio, puedes dejar los datos correspondientes en blanco. Si lo deseas también puedes acudir acompañado/a de tus hijos/as mayores.

Creo firmemente que el tema es de gran interés para todas las personas en edad laboral o próximos a incorporarse a ella. Se trata de reflexionar, a la vista de algunos informes y datos que presentaré, sobre cómo está evolucionando el empleo y cómo debemos prepararnos cara al futuro laboral en los próximos años. Las personas más jóvenes aún están a punto de reorientar su vida profesional y para los que ya nos estamos acercando al final de la misma, recordad que vienen detrás nuestros hijos, demandando consejos y orientaciones.

Uno de los hechos que analizaremos es lo que los expertos denominan “el gran desacoplamiento“, esto es, la separación creciente que se está produciendo en épocas recientes entre el crecimiento económico y el crecimiento del empleo, generándose altos niveles de desempleo o subempleo que conviven con importantes dificultades en las empresas para encontrar, atraer y retener el talento cualificado y digital que necesitan. Algunos economistas consideran a este fenómeno el responsable de la gran crisis 2008-2014; la mala noticia es que, si esto es cierto, conviviremos durante mucho tiempo con épocas de gran inestabilidad.

Espero veros allí, saludaros en persona y desvirtualizar a alguno de mis fieles seguidores/as.

Adaptabilidad en la gestión de personas

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El número de Octubre de Harvard Business Review publica una entrevista con Jeffrey Joerres, CEO de Manpower desde 2000 hasta 2015, titulada Globalization, Robots, and the Future of Work, en la cual se tratan varios de los temas actualmente candentes en la gestión de personas.

El ex-CEO de Manpower plantea un futuro incierto, en el cual resulta muy difícil acertar a priori con las habilidades que una empresa u organización va a necesitar a futuro, para lo cual aconseja desarrollar varios modelos de trabajo y empleo simultáneos, para que, en cuanto se plantee una situación que requiera de una acción urgente, tener todos ellos disponibles y emplear el que mejor se adapte a las necesidades concretas. Se trata, en definitiva, de preparar a las organizaciones para que puedan desarrollar cualquier práctica de gestión de personas que a futuro puedan necesitar. El enfoque es novedoso y original; los consejos de consultoras y empresas de recursos humanos suelen ser unidireccionales, en el sentido de proponer distintas prácticas como alternativas unas a otras, mientras que Joerres propone, desde la humildad que supone el reconocer que no se sabe cuales pueden ser las que se necesiten a futuro, ensayar todas ellas:

“Para la mayoría de las empresas hoy en día, los negocios se llevan a cabo en varios frentes y a múltiples velocidades. Es obligatorio poner en marcha varios modelos de trabajo y experimentar con ellos. Mi posicionamiento es que no se sabe lo que se va a necesitar desde ahora hasta tres a cinco años vista, pero si se tienen las habilidades asentadas en múltiples modelos de trabajo, se puede subir la intensidad en la que uno u otros se usan, reduciendo al mínimo el tiempo de espera para obtener lo que se necesita. Y eso va a ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.”

La innovación comienza aquí contempla la adaptabilidad en la gestión de personas como uno de los cuatro componentes básicos de la adaptabilidad, tratando este punto concreto del modelo general de adaptabilidad de Boston Consulting Group, adoptado como nexo conductor del libro, en las páginas 41-43 del capítulo 1: Adaptabilidad: una nueva ventaja competitiva.

Imagen compartida bajo dominio público por Pixabay.

 

Impacto de la automatización en el trabajo

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A medida que la tecnología avanza, va cambiando el ámbito potencial de actuación de la automatización y cada vez más trabajos y actividades económicas se ven amenazados de desaparición. Mas aún, empieza a ser muy relevante el grado en el cual la automatización afecta a determinadas partes en prácticamente todos los trabajos posibles.

Éste, precisamente, es el enfoque bajo el cual Mckinsey ha estudiado el impacto en más de 800 tipos de trabajo, analizando las más de 2.000 actividades en las cuales se pueden descomponer estos trabajos. Los resultados, presentados en el artículo Where machines could replace humans-and where they can´t (yet) son espeluznantes: aproximadamente un 45% de las actividades que las personas realizan para desempeñar sus trabajos podrían automatizarse con las tecnologías actualmente disponibles y cerca del 60% de los tipos de trabajo son automatizables en más de un 30% de las actividades en las que se descomponen.

La innovación comienza aquí aborda el tema de la automatización del trabajo en las páginas 113-114 del apartado La segunda economía en el capítulo IV del libro: Transformación digital. Las previsiones cuantitativas resumidas en el presente artículo confirman las expectativas que en el libro se enuncian a modo de posibilidad.

Imagen obtenida de Wikipedia.

La economía compartida en Europa

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El aumento de la economía compartida está cambiando la fisonomía de las empresas europeas, creando oportunidades para los nuevos operadores, retando a las empresas existentes y buscando preguntas para todos los interesados. Un estudio reciente de PWC para la Comisión Europea How the sharing economy is reshaping business across Europe muestra que la actividad en la economía compartida en toda Europa se ha acelerado en los últimos dos años, aumentando a casi el doble del ritmo que había previsto una investigación similar de 2014. Solamente en 2015, cinco sectores clave de la economía compartida obtuvieron ingresos generados de casi 4 mil millones de € y facilitaron 28 mil millones de € en transacciones dentro de Europa.

En promedio, más del 85% del valor de las operaciones facilitadas por las plataformas de la economía compartida lo recibe el proveedor, en lugar de la plataforma. Los modelos de ingresos que utilizan plataformas varían significativamente de unas a otras e incluso dentro de los mismos sectores. Pero la mayoría adoptan un enfoque basado en una comisión fija o variable, que van del 1% al 2% en el intercambio de alquileres, hasta un 20% para servicios de intercambio de viajes. Sin embargo, ha sido más difícil para las plataformas convertir estos ingresos en beneficios. La rentabilidad ha mejorado en muchos de sus mercados más maduros, pero para que las plataformas puedan probar su sostenibilidad, la actual considerable inversión en la adquisición de clientes tendrá que recuperarse en la siguiente fase de crecimiento de la economía compartida,

La economía compartida se analiza en las páginas 117-118 del capítulo 4 de La innovación comienza aquí, dedicado a la Transformación digital. Las tendencias cualitativas allí enunciadas se complementan con las previsiones cuantitativas resumidas en este artículo.

Imagen compartida en Flickr por Carlos Maya bajo licencia Creative Commons.

La fabricación aditiva

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Se denomina fabricación aditiva a aquella que se ejecuta superponiendo capas de un determinado material hasta dar forma definitiva al objeto que se pretende construir. La fabricación aditiva no es un concepto nuevo; por ejemplo, las técnicas tradicionales de construcción se basan en superponer ladrillos para construir muros y cerramientos. Lo que si resulta novedoso es la denominada impresión 3-D, aquella en la que los objetos se dividen en capas de anchura milimétrica que se imprimen en un material de características adecuadas, para llegar al objeto deseado por superposición de todas ellas.

Hasta no hace mucho tiempo, los materiales y las tecnologías que se requerían para construir con ellos esas capas eran muy costosos y, así, la fabricación 3-D se utilizaba, de forma preferente, para construir prototipos y maquetas, fundamentalmente con ánimo de pruebas. Pero en la actualidad, está ya preparada para convertirse en alternativa viable a los métodos y procesos de fabricación convencional en muchas posibles aplicaciones, con previsiones de importantes crecimientos en los próximos años. Así, por ejemplo, un estudio de Mckinsey Global Institute del año 2013, Disruptive technologies: Advances that will transform life, business, and the global economy, estima un impacto total de 550 mil millones de dólares en el año 2025.

Evidentemente, la fabricación 3-D no podrá alcanzar las economías de escala que se consiguen con otros métodos, pero precisamente esta debilidad suya puede transformarse en una gran oportunidad, puesto que, en muchos casos, se podrán eliminar las grandes inversiones que se requieren para construir factorías eficientes por tamaño y posibilitar, de esta manera, la aparición de pequeños fabricantes, próximos a los clientes y con necesidades de inversión varios órdenes de magnitud inferiores con relación a los procesos convencionales. Otra gran ventaja de la fabricación 3-D es que, dado que los materiales que se usan deben ser fácilmente conformables, se podrán reciclar completamente los productos fuera de uso, estableciendo así los primeros pasos para una economía completamente circular.

Las páginas 96-98 del capítulo 3: La digitalización imparable de La innovación comienza aquí analizan la repercusión económica de la digitalizción de la fabricación. El estudio que se analiza en esta entrada proporciona un marco de análisis para la fabricación aditiva, uno de los componentes de la fabrica digital, identificando y dimensionando económicamente las oportunidades de negocio relacionadas.

La ley de Moore llegará a su fin en 2021

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Según admiten los fabricantes de chips, la ley de Moore lleva tiempo ralentizándose. Pero la industria estadounidense que se aprovecha de ella por fin ha reconocido que está a punto de morir (En MIT Technology Review: http://www.technologyreview.es/informatica/50940/la-ley-de-moore-llegara-a-su-fin-en-2021-segun/)

Tras años de ralentización, parece que dentro de cinco años ya no será económico seguir disminuyendo el tamaño de los chips, pero la industria ya tiene otras estategias para seguir aumentando su potencia y, también, el consumo energético de los mismos.

Aunque la Ley de Moore tiene un enunciado eminentemente técnico (el número de transistores alojados por un circuito integrado se duplica aproximadamente cada dos años), tiene grandes repercusiones económicas, puesto que esa capacidad de alojamiento de transistores se traduce en capacidad y velocidad de los ordenadores y, ésta a su vez, en más y mejores funcionalidades incorporadas en nuestros sistemas de información.

La innovación comienza aquí analiza las repercusiones económicas de la Ley de Moore y de su prima hermana, la ley de Metcalfe, que establece que la utilidad de una red aumenta proporcionalmente al cuadrado de su número de usuarios, en las págínas 69-70 del capítulo III, dedicado a La digitalización imparable. Será interesante, sin duda, analizar las repercusiones económicas de este fin de la Ley de Moore; desde La innovación comienza aquí estaremos atentos a esta importante tendencia incipiente y, lo que más nos interesa, a sus repercusiones económicas.

Imagen compartida por Marcin Wichary bajo licencia Creative Commons.